Un equipo profesional, atento al detalle y con capacidad de convertir un evento de empresa en una experiencia que nuestros empleados aún recuerdan
Inicio / ROI de un evento de empresa
Aprobar un evento es fácil. Defenderlo ante dirección, no. Estos son los cuatro indicadores que sí puedes medir y cómo recogerlos sin montar un proyecto paralelo.
Propuesta a medida en menos de 24 h
La conversación que tiene un responsable de personas con dirección casi nunca es sobre el evento en sí. Es sobre qué pasó después. Y ahí es donde la mayoría de organizaciones se quedan sin argumentos: hicieron algo que salió bien, todo el mundo lo pasó bien, pero nadie recogió un solo dato.
El contexto no ayuda. Según el informe State of the Global Workplace de Gallup, el compromiso de los empleados a nivel mundial cayó al 21% en 2024, la primera bajada desde 2020, y Europa registra las cifras más bajas del mundo. Gallup estima que ese desenganche cuesta cerca del 9% del PIB global. Con esos números encima de la mesa, cualquier partida destinada a conectar equipos necesita defenderse con algo más que buenas sensaciones.
La buena noticia es que no hace falta un estudio ni una consultora. Con cuatro indicadores y dos encuestas de tres minutos tienes material suficiente para una diapositiva que aguante preguntas.
Ninguna de las cuatro requiere herramientas nuevas ni presupuesto adicional. Todas se recogen con lo que ya tienes.
El dato más honesto y el que nadie mira. No cuántas personas invitaste: cuántas fueron. Si convocas a 60 y aparecen 34, eso dice algo del evento y también del momento del equipo. Compáralo con la asistencia de la actividad anterior y tendrás una tendencia, que vale más que un número suelto.
Tres preguntas, escala del 1 al 10, una semana antes y una semana después. Conozco a gente de otros equipos. Me siento parte de algo más grande que mi departamento. Recomendaría trabajar aquí. La variación entre ambas es lo que enseñas en la reunión.
Cuántas fotos y vídeos salieron, y sobre todo dónde acabaron: comunicación interna, LinkedIn corporativo, procesos de selección, onboarding. Un evento que alimenta el employer branding durante meses tiene un coste por impacto muy distinto al que se agota el mismo día.
Dos preguntas a las cuatro semanas: ¿te acuerdas del evento? ¿has hablado con alguien que conociste allí? Si a los treinta días nadie lo menciona, el formato no funcionó, por bien que saliera el día. Es el indicador más incómodo y el más útil.
Todo esto suma menos de una hora de trabajo repartida en seis semanas. La clave no es la sofisticación: es acordarse de medir antes, porque después ya no hay forma de reconstruir el punto de partida.
Encuesta de tres preguntas al equipo convocado. Anónima y en formulario, no por email. Guarda el resultado: es tu línea base y sin ella no hay comparación posible.
Anota la asistencia real y asegúrate de que alguien documenta. Fotos de grupo, momentos de juego, el after. Ese material es la mitad del retorno y se pierde si no se planifica antes.
Repite exactamente las mismas tres preguntas. Ni una más. Añade una abierta: ¿qué te llevas del día? Las respuestas literales son lo que mejor funciona en la presentación a dirección.
Dos preguntas sobre recuerdo y contactos nuevos. Y revisa dónde se ha usado el contenido. Con eso ya tienes una diapositiva con datos propios, no con promesas de proveedor.
Somos productores de eventos, así que esto va contra nuestro interés inmediato. Pero un evento en el momento equivocado no arregla nada y quema presupuesto que hará falta más adelante.
Si acaba de haber un ERE, una reorganización mal comunicada o un problema de confianza con la dirección, un evento se lee como un intento de tapar. Genera más cinismo que conexión. Primero se resuelve la conversación difícil.
Cuando la mayoría trabaja en remoto desde ciudades distintas y el desplazamiento pesa más que el propio evento, el coste por persona se dispara y la experiencia se resiente. Conviene replantear el formato antes que el presupuesto.
Por debajo de tres semanas no da tiempo a elegir sede, cerrar proveedores y preparar branding con garantías. Se puede hacer, pero el resultado no es el mismo, y un evento mediocre deja peor recuerdo que ninguno.
Un evento conecta a personas que ya se llevan razonablemente bien y refuerza lo que ya funciona. No compensa una política de compensación desalineada, una carga de trabajo insostenible ni un problema de liderazgo.
Empresas que ya han confiado en PRISMA PADEL






Un equipo profesional, atento al detalle y con capacidad de convertir un evento de empresa en una experiencia que nuestros empleados aún recuerdan
Del brief al recap, PRISMA PADEL se ocupó de todo, permitiéndonos disfrutar del evento como un invitado más junto a nuestro equipo






No con la precisión de una campaña de ventas, pero sí con indicadores concretos: participación real frente a convocada, resultados de una encuesta corta antes y después, contenido generado y uso posterior en comunicación interna y employer branding.
Una encuesta breve de tres o cuatro preguntas sobre conexión entre equipos y sentido de pertenencia, enviada una semana antes. Sin ese punto de partida no hay forma de demostrar variación después.
Entre 48 horas y una semana después. Antes de 48 horas mides la euforia del momento; más allá de dos semanas el recuerdo se diluye y los resultados pierden fiabilidad.
Cuando la plantilla está muy dispersa geográficamente y el desplazamiento supera al propio evento, cuando hay un conflicto laboral abierto sin resolver, o cuando el plazo es tan corto que la producción no puede garantizar el estándar.
Depende del número de personas, del formato y de lo que se incluya. En nuestro configurador puedes ver una estimación orientativa al momento eligiendo formato, duración, catering y extras.
Si ya tienes claro qué vas a medir, el siguiente paso es saber qué inversión supone. Configura vuestro evento y verás una estimación orientativa al momento.
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